Te encontré…

Te vi varias veces, aún así como típico homo sapiens, seguí de largo; sin ver lo que mi corazón decía. Ojos café claro, tu piel blanco con negro. Ese día algo pasó y decidí no seguir siendo como todos, ese día le haría frente a mis sentimientos de ternura y compasión. 

Sin embargo, rogue por varios minutos para que alguno de mis amigos hiciera lo que yo temía hacer. Luego conseguí una galleta para sobornarte y convencerte. ¨Si nadie se lo lleva, yo me lo llevo¨… ¿Alguna vez habías escuchado una frase tan poco prometedora?

Te subimos al baúl, luego de varios intentos fallidos. Camino a casa, tenía miedo de que tal vez no fueras tan bueno como parecías… Tal vez me atacabas y al final ninguno sobrevivía… Tal vez rompías los sillones de cuero o rayabas las ventanas polarizadas. 

Luego del tratamiento necesario para curar todas tus enfermedades de la piel y demás cosas desagradables, traté de acariciarte; pero habías sufrido suficiente como para ser capaz de recibir amor. Te cuidé como recién nacido, con la esperanza de que estuvieras sano en algunas semanas. 

Poco a poco pasaste de ser una fiera, a un ser amoroso. Cada vez que te dejabas acariciar, llorabas de emoción; bueno más bien hacías un ruido raro, una mezcla entre llorar y gruñir. Descubrí que ese sonido no era más que emoción, agradecimiento. 

Justo cuando ya ibas a estar sanito, tu panzita creció y resultó que ibas a tener bebés. Nacieron y eran más lindos que tú. Los tuviste sin ayuda, a eso de las tres de la mañana. Antes de que se fueran a sus hogares, parecían pequeños clones tuyos. 

Ahora, tú, perro callejero, estás más sana que nunca. Tienes ojos color café miel, que dicen  muchas cosas pero solo cosas buenas. Eres más inteligente que cualquier labrador, rodesiano, maltés o french poodle. No se qué viviste en la calle, pero espero que ahora sólamente recibas amor de parte mía… Un perro ama como nadie, es fiel hasta la muerte. Cuando necesitaba amor, lo encontré en el ser más sucio, más abandonado, más enfermo, más triste y más hambriento que cualquiera.  Te recogí por compasión, por ternura o quizás por lástima,  pero al final la que más ganó en esta historia quizás fui yo…

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